Dalmacio Negro: “Las facultades de letras están tomadas por el pensamiento radical”

Tomado de: Negro, D. (31 de julio de 2011). Las facultades de letras están tomadas por el pensamiento radical. (G. Intereconomia, Ed.) La Gaceta, págs. 42-43.

Miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Dalmacio Negro es uno de los pensadores más originales y profundos de la filosofía política en español. Por ello, su voz tiene especial autoridad a la hora de realizar un peritaje de la actual situación cultural y política que atraviesan tanto España como Europa.

-¿Cómo valora usted el pensamiento político que se está impartiendo en la universidad española?

-Hoy día, en España se conoce todo tipo de pensamiento político, pero muchas veces se transmite con una fuerte dosis de ideología, habitualmente de tendencia socialdemócrata, aunque hay casos más extremos. La situación depende de las facultades. En las de Economía tiende a prevalecer el pensamiento liberal, aunque a veces se olvida la libertad de trabajo, que es lo que no existe en gran parte de Europa ni, desde luego, en España. En cambio, en las facultades de letras tiende a predominar un pensamiento radical, artificial, que es fruto de la revolución culturalista del 68. Ese pensamiento político más extremista, por un lado, está fuertemente influido por la teología de la liberación pero, por otra parte, es completamente ateológico, incluso diría ateiológico. Es un pensamiento para la acción y no tiene grandes vuelos. Por lo demás, el nivel me parece bastante aceptable.

-¿Cómo interpreta la creciente volatilidad de la opinión pública, tan dada a bandazos?

-Citando a Finkielkraut, el pensamiento se ha destruido. Hoy en día no se piensa. Si acaso, se reflexiona. Hay un irrealismo total, que es producto de la pérdida de la realidad de los europeos. El pensamiento actual, un tanto evanescente, se justifica por la emoción y apela a los instintos, aunque también hay mucha gente que no se deja llevar por esta tendencia.

-A su juicio, ¿cuál es la causa del actual desprestigio en España de la figura del intelectual?

-En el sentido corriente de la palabra, me parece bien que se desprecie al intelectual. Estamos acostumbrados a que, desde que empezó la Transición, aparezcan manifiestos de intelectuales. Miramos los nombres y ¿quiénes salen ahí? Hay de todo, pero creo que, si esos son los intelectuales, el desprecio está justificadísimo.

-En los actuales planes educativos, el estudio de los clásicos se encuentra prácticamente abandonado. ¿Se ha perdido el sentido de transmisión cultural? De ser así, ¿por qué?

-Este es uno de los problemas gravísimos de la cultura europea en general y de la española en particular. Hay una lucha contra la tradición. Al decir tradición, no quiero decirlo en el sentido tradicionalista de aferrarse al pasado, sino de la tradición creadora, de la conocida frase de Eugenio D’Ors de que “lo que no es tradición es plagio“. Es un eco de la Revolución Francesa, que quería partir del año 0. Es el adanismo, la vuelta a Rousseau, el partir de un estado de naturaleza que no existe. En consecuencia, las sociedades europeas se desintegran, pues predomina un individualismo que, al mismo tiempo, es colectivista.

-El fenómeno de los ‘indignados’, ¿son viejos totalitarismos bajo un nuevo ropaje o es la hipertrofia de la sociedad del bienestar?

-No dice mucho a su favor que se apoyen en el librito de Stéphane Hessel, que es un panfleto ridículo. Según mis noticias, ha tenido un efecto bumerán, porque ha hecho que gente que no coincide nada con sus ideas haya empezado a reflexionar sobre la naturaleza del sistema. Hay gente que empieza a pensar que vivimos sometidos al consenso socialdemócrata, aunque no sepan decirlo así.

La socialdemocracia

-En este sentido, parece que las últimas encuestas sobre intención de voto indican que el proyecto socialdemócrata cada vez convence a menos gente en toda Europa.

-La situación es así. Hay un cansancio con todo este socialismo. Porque la socialdemocracia es lo que sobrevive del socialismo, que se ha reforzado con la revolución culturalista del 68. La socialdemocracia, en el fondo, no es más que una confabulación de las oligarquías políticas con las oligarquías financieras, mediáticas y comerciales, tal y como se está viendo en la manera de resolver la actual crisis.

-Usted ha afirmado que “el mayor problema político español del siglo XX ha sido nuestra versión del socialismo”. ¿Por qué?

-Ha habido socialistas serios: Besteiro y algunos otros. Pero, en general, el socialismo español ha sido mesianismo y resentimiento. No se parece al socialismo europeo, sino que es una mímesis del leninismo y del estalinismo, de la idea de revolución. Con las consabidas excepciones, es de una calidad ínfima en todos los sentidos. ¿Qué intelectuales socialistas hay de valía? Prácticamente ninguno. Al principio, a Ortega y Unamuno el socialismo sí les parecía una solución, pero en seguida dejaron esas ideas porque vieron que aquello no iba a ninguna parte. Es una cosa de resentidos, de gentes de poca calidad y, en gran parte, de buscadores de empleos.

La clase media

-¿Considera usted que la clase media española ha perdido peso y energía moral?

-Antes la clase media era emprendedora. Pero, con Felipe González, el Estado empezó a estar en todas partes, a controlarlo todo, a desindustrializar España, a preferir el turismo. Hay un hecho importante: el socialismo originario siempre ha tendido a la industria por ser lo innovador. Sin embargo, aquí, con el pretexto de las reconversiones, han empezado la desindustrialización. Parece que lo nuevo para este socialismo español es el turismo y el folclore. Ahora mismo, con la crisis que hay, si tuviéramos una industria potable habría más empleos. La clase media de hoy, si quiere emprender un pequeño negocio, tiene controles y trámites administrativos por todas partes, tiene que pagar impuestos antes incluso de que el negocio funcione, por lo que está muy desanimada y prefiere el empleo público.

-A su juicio, ¿cuál es la causa fundamental del marasmo por el que están pasando España y Europa?

-Creo que es el olvido de las tradiciones de la conducta, que son fundamentales para orientarse en el mundo, tanto individual como colectivamente. Se trata de crear sociedades artificiales con todos estos reglamentos, prohibiciones, mandatos y órdenes que controlan la vida natural. Por ejemplo, la industria de Europa, que no tiene libertad de trabajo por culpa de la legislación de los partidos y los sindicatos, y no puede resistir la competencia de los países emergentes. Además, hay un problema terrible en Europa, que en España es más acusado: la demografía. En España, yo creo que hasta está mal visto tener hijos, en vista del interés que se tiene en que aborten las mujeres. Creo que este es el problema más grave. Y todo esto va a incidir en las pensiones, en mantener el nivel de vida, en la falta de progreso.

-¿Qué solución propondría usted para cambiar el rumbo que actualmente parece haber tomado Europa?

-No tengo ninguna solución. Diría que recuperar el sentido común. Menéndez Pidal, con gran sorpresa, descubrió que las instituciones visigóticas resucitaron siglos más tarde en los tiempos de la Reconquista. Quizás podría ocurrir lo mismo. ¿Por qué no puede recuperarse el sentido común de generaciones pasadas?

El dinero público

Recientemente un alumno de la Facultad me planteó una serie de cuestiones sobre el uso de un bien escaso: el dinero. Y en especial sobre el dinero público. Después de un tiempo dándo vueltas a la cuestión voy a proponerme poner en este sito una serie de documentos que permitan una reflexión sobre el tema.

Comienzo con una noticia aparecida recientemente, la transcribo literalmente. El original puede verse aquí.
La Generalitat de Cataluña ha sido una de las últimas víctimas del chantaje de Ryanair. La low cost irlandesa se ha convertido en el único operador capaz de sacar rendimiento a la ingente cantidad de aeropuertos secundarios que hay en España.

Los cuatro pilares de su estrategia se basan en la amenaza mediática, la supresión de puestos de trabajo, la reducción de rutas, y el consecuente impacto negativo sobre el turismo. Con esta táctica, ha logrado hasta 80 millones de euros de dinero público en los últimos años.

1. Amenaza mediática

A última hora de la tarde del pasado 16 de febrero Ryanair convocaba a la prensa a un almuerzo a las 9 de la mañana siguiente en un hotel barcelonés. La convocatoria, algo precipitada, cogió a contrapié a todos los periodistas, pero también a la Generalitat: la low cost irlandesa anunciaba la ruptura de las negociaciones con el Ejecutivo catalán y la reducción en un 50% de su actividad en el Aeropuerto de Girona si no asumía las reivindicaciones de Ryanair.

La aerolínea lo tenía todo calculado y la argumentación preparada para dar que hablar. No entendían que se destinaran recursos públicos a una Spanair que no es rentable y en cambio se le negara la subvención que solicitaba para seguir operando en un aeropuerto que depende en un 90% de sus vuelos. El vicepresidente de la empresa, Michael Cawley, entregaba un dossier con las rutas que se eliminarían.

2. Supresión de puestos de trabajo

Para ganarse el favor de la sociedad, alertaba Cawley que se perderían 1.700 puestos de trabajo. Es un logro significativo por parte del nuevo Gobierno causar tal pérdida de puestos de trabajos y pérdidas en la industria turística tan solo unas semanas después de haber llegado, apostillaba en referencia al Ejecutivo de Artur Mas.

Tras varios meses de parálisis en las negociaciones, el nerviosismo se fue apoderando de las instituciones gerundenses. UGT cifraba en 500 el número de empleos que se suprimirían en las empresas que operan en el Aeropuerto de Girona.

3. Traslado de rutas a otros aeropuertos

A las puertas del verano se conoció que Ryanair había trasladado 88 frecuencias veraniegas de su oferta comercial de Girona a Barcelona. A mediados de agosto la aerolínea daba por rotas las negociaciones y reducía en otro 50% su actividad en el aeropuerto gerundense.

El pulso no quedaba ahí, y en paralelo Ryanair también anunciaba su marcha del Aeropuerto de Lleida-Alguaire (reclamaba triplicar las ayudas, de 600.000 euros a 2,2 millones de euros) y el cierre de su base de operaciones en Reus (Tarragona) porque la Generalitat, según Cawley, no estaba pagando lo pactado. La cuerda se tensaba y el Gobierno catalán, harto del chantaje, amenazaba con emprender acciones legales.

Todas sus amenazas iban acompañadas de una advertencia: Si ustedes no pagan, seguro que habrá cualquier otro aeropuerto europeo a pagarnos por instalarnos allí, venían a decir.

4. Destrucción del sector turístico

La presión pudo con el equipo de Artur Mas, que a mediados de junio anunció un principio de acuerdo por el que se comprometía a pagar 11,5 millones de euros por un mínimo de cuatro millones de pasajeros, además de ceder unos terrenos para construir un hotel y un hangar de mantenimiento junto a las instalaciones de Girona.

No era suficiente para Ryanair. A principios de julio, la aerolínea -consciente de la dependencia de los aeropuertos catalanes de su actividad- exigía 15 millones de euros anuales.

La Generalitat empezaba a aflojar en su pulso consciente del impacto negativo que podía tener la marcha de Ryanair en el sector turístico catalán. Las instituciones locales cifraban el impacto negativo en 300 millones de euros para Girona y en 500 millones de euros para Reus.

El temor a dañar uno de los sectores más importantes finalmente propició que el Ejecutivo catalán aflojara en sus posiciones, mientras que Ryanair también se mostró más laxa en las condiciones del acuerdo.

La compañía de bajo coste recibirá finalmente nueve millones de euros anuales (frente a los 15 millones que reclamaba) por garantizar un mínimo de tres millones de pasajeros en Girona y medio millón de usuarios en Reus. También recibirá los citados terrenos para construir el hotel y el hangar junto al aeropuerto gerundense.

Eso sí, Ryanair avisa: el acuerdo quedará en papel mojado si a Aena se le ocurre incrementar sus ya elevadas tarifas en 2012.

Ryanair ha seguido un esquema de acción similar en Alicante, donde sigue con su batalla mediática con Aena por el uso de las pasarelas. En el caso del Aeropuerto del Altet, la low cost amenaza con suprimir 18 rutas directas, 2 millones de pasajeros al año, 2.000 puestos de trabajo y 360 millones de euros en ingresos turísticos.

Esto trae a mi memoria una canción del grupo aragonés la Bullonera que se titula “La bolsa o la vida”, hablan de cosas tan actuales, reales y “continuas” como:

Al que roba en una casa / si lo pillan lo encarcelan; / al que especula con ellas / no hay guardia que lo detenga. Ya no van con palanqueta / ni pistola ni antifaz/ que tienen inmobiliarias / los ladrones de verdad”. Y más adelante, en la misma canción, escuchamos: “Dicen que la economía / se está poniendo fatal: / porque los obreros piden / que les suban el jornal. Lo dice la patronal, / lo dice y sabe que miente; / miente para conservar / sus privilegios de siempre…

Y ahora que los señores del ladrillo no se lo llevan parece que que los de las aeronaves si. Tal vez habría que recordar la letra de otra de sus canciones: “Venimos simplemente a trabajar”.

No hemos venido aquí para deciros / que está dura la vida aquí debajo; / para eso está el jornal, la ley, el palo: / por eso la miseria, el herido, el condenado”. (…) “Venimos simplemente a trabajar; / como uno más, a arrimar el hombro al tajo. / Esta es nuestra herramienta: nuestras voces. / Esta nuestra canción: nuestro trabajo”. (…) “Queremos cantar al campesino, / al obrero industrial, al estudiante, / a los hombres y mujeres de esta tierra, / todos juntos dando un paso hacia adelante. / Venimos a hablar, pues, sobre la vida / desde un lugar familiar para nosotros, / que es el mismo lugar que en todas partes / le reserva al oprimido el poderoso. / Venimos simplemente a trabajar…

Y nosotros tarareabamos el estribillo de la primera: “¡Ay, tachún, tararachun, ay tachún, tarará…!”, mientras los “poderosos” siguen haciendo su agosto.

Y los impuestos, con los que algunos juegan, son, en definitiva, fruto del trabajo individual de muchas personas que conformamos esta “vieja piel de toro”.

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