Las tres preguntas socráticas

Cuentan que un día alguien se acercó a Sócrates para hablarle de uno de sus estudiantes, reproduzco la conversación:

Sócrates, ¿sabe usted lo que acabo de oír acerca de uno de sus estudiantes?
Espera – le espetó el filósofo -. Antes de contarme nada me gustaría formularte tres preguntas. La primera tiene que ver con la verdad – anunció -, ¿estás seguro de que lo que vas a contarme es cierto?.
No – respondió el joven -, acaban de contármelo.
Es decir, que no sabes si es cierto o no – contestó Sócrates -. Ahora la segunda pregunta, que tiene que ver con la bondad: lo que vas a decirme de mi estudiante, ¿es algo bueno?.
– No, pero…
– Por lo tanto – interrumpió Sócrates -, ¿vas a decirme algo malo de otra persona, a pesar de no estar seguro de si es verdad o no?.
El joven, avergonzado, asintió. Sin embargo, al viejo filósofo aún le quedaba una pregunta por formular.
– La tercera pregunta tiene que ver con la utilidad – dijo Sócrates -. Lo que vas a contarme de mi estudiante, ¿será provechoso para alguien?.
– No, en realidad…
– Bien – continuó Sócrates -, lo que quieres contarme es algo que no sabes si es cierto, que no es bueno y que ni siquiera es de provecho para nadie. Entonces, ¿por qué hablar sobre ello? ¡Vete de aquí con tus infundios y bulos!.

La lección la podemos aprovechar o no.

Síndrome de Urías

Solemos trabajar con Genogramas y Ecomapas porque son instrumentos que nos ayudan a encontrar la palanca que nos permite mover hacia el cambio.Hoy vamos a relataros algo que nos acontenció recientemente.

En uno de los últimos grupos de Supervisión de Casos que tuvimos, se planteó una cuestión que quedó pendiente. Debatíamos de la importancia del grupo de referencia de un joven había sido “expulsado – abandonado” del grupo parroquial al que pertenecía.
Brevemente, la situación era como sigue:

Javier, 21 años, es un brillante estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zaragoza. De hecho cursa los estudios de Filosofía que comparte con el último año de Magisterio. Es activista de un grupo parroquial en una parroquia del Centro de Zaragoza. Ha tenido novia hasta hace unos cuatro meses, pero se han dado “un tiempo”. Últimamente se encuentra raro: se ha vuelto taciturno, con algunos brotes de rabia, cuando menos se lo espera, cuando hasta hace bien poco era un “chico modelo que no daba para nada que hablar, siempre dispuesto para todo”.

Su madre le ha pedido que vaya a una psicóloga, que ella conoce, puesto que ella misma ha sido ayuda a superar un “bache” que había tenido. Han mantenido cuatro sesiones y en todas ellas Javier, llega, se sienta, baja la cabeza y apenas habla, es la psicóloga quien pregunta y él responde, a veces, con monosílabos.

La persona que presenta esta situación es una alumna en prácticas que está con esta psicóloga, le ha permitido presentar la situación (por supuesto los datos se han cambiado) porque siente que no puede llegar a él, en este momento, “que hay algo que se le escapa”, y quiere ver si en el grupo de Supervisión podemos darle algunas pistas que le ayuden a poder mejorar su intervención.

Después de varios comentarios e ideas muy provechosas ya estábamos a punto de concluir, un integrante del grupo dijo: “el síndrome de Urías”, …

¿El síndrome de Urias?

Nos comentó que en una ocasión había leído algo al respecto, pero que no se acordaba mucho de aquello, pero que este caso le había vuelto a recordar aquella lectura. El resto del grupo no habíamos hablado para nada del tema religioso, pero recordando algunas cosas, le dije que podríamos enfocar la situación también teniendo en cuenta este hecho.
¿Quién fue Urías? La historia se recoge en el Antiguo Testamento. El rey David, estaba apasionadamente enamorado de la mujer de Urías, había mantenido relaciones con ella y esta esperaba un hijo suyo.

Urías era un general, muy fiel, del ejercito de David, era hitita (un extranjero en el ejercito, un mercenario, podríamos decir). David le ordenó ir en la primera línea de la batalla y mandó a los oficiales y soldados que en un momento determinado, lo abandonasen en el campo de batalla, y así el enemigo lo matase.

Si alguien ha visto la película 300 comprenderá que eso significaba la muerte segura, porque los soldados, en aquel tiempo, dependían unos de otros de tal manera, que perder a uno de ellos, era perder la protección total.

No sabemos lo que pasaría por su cabeza, en el momento de quedarse solo frente al enemigo, supongo que una mezcla de sentimientos se habría apoderado de él: confusión, incomprensión traición, temor, …

Así que propusimos que se explorara esta parte de la vida de Javier, su grupo de referencia, del que no sabíamos nada. Puesto que puede que una crisis personal y/o espiritual le esté sobrevolando, lo mismo que a muchos otros cristianos o pertenecientes a grupos, esta situación esté en su vida. Y ocurre, a menudo, que al buscar apoyo, ayuda, en los grupos (eclesiales, en este caso), no la encuentran. Y no solo eso, sino que se encuentran con incomprensión, marginados, … rechazados, abandonados por aquellos que más esperaban ayuda.

Hemos propuesto que se explore esta parte de la historia de Javier y ver la importancia que tiene en él esta parte de su vida. Y ver la posibilidad de ayudarle en encontrar caminos para la independencia y autonomía.

PD
En otras entradas iremos aclarando algunos conceptos que hemos tratado en este pequeño artículo.

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